San Alberto Hurtado s.j. (1901-1952):

el "Hogar de Cristo"

Publicado en la revista Jesuitas, n.86, Otoño 2005, Bilbao, España

La Compañía de Jesús se alegra con la canonización de S. Alberto Hurtado. Así se nos muestra, una vez más, "que nuestra vocación e Instituto es camino para ir a Dios", y le pedimos que interceda para que nosotros "procuremos alcanzar este alto fi n adonde Dios nos llama, cada uno según la gracia con que le ayude el Espíritu Santo" (Fórmula del Instituto S.J.). - Alberto Hurtado, un santo que se adelantó a su tiempo y abrió nuevos caminos en la Iglesia y en la sociedad y que, como Ignacio, integró en su vida fe y justicia, acción y contemplación. Un santo de nuestro tiempo y para nuestro tiempo.

Mística ignaciana:

A ningún jesuita extrañaría ver a Ignacio de Loyola ocupándose de las cosas a las que Alberto Hurtado dedicó su vida. Pero, en este caso, el amor a los pobres tan propio del "Peregrino" se desplegó con especial fuerza y terminó por caracterizar el seguimiento de Cristo del jesuita chileno. Cristo hizo de Alberto Hurtado un cristiano, un católico y un jesuita cuyo perfi l humano más notable fue el de un "místico social".

"Cristo vino a evangelizar con preferencia a los pobres". Alberto Hurtado fue un cristiano en sentido estricto. Para él lo más importante fue, como para Jesucristo, "hacer la voluntad de Dios". Y, para encontrar esta voluntad, hizo de Cristo mismo la clave de su vida.

P.Alberto Hurtado y su apostolado
entre los jóvenes chilenos

En contra de una catequesis teorizante, por otra parte, Hurtado urgirá interiorizar el conocimiento de Cristo como San Ignacio lo demanda a los ejercitantes "para más amarle y seguirle".

Este jesuita chileno fue fiel a su Iglesia y a sus pastores. Pero fue un católico avanzado. Habiendo sido rozado por la incipiente renovación teológica europea, concibió la Iglesia como la anticipación de la pertenencia de todos los seres humanos a aquel Cuerpo cuya cabeza es Cristo. De acuerdo con esta convicción creyó que, en la Encarnación, el Verbo divino se ha unido mística y amorosamente con el género humano para hacer de cada una de las criaturas un hijo de Dios. Como ardiente defensor de la Doctrina Social de la Iglesia, por otra parte, fundamentó en las encíclicas sociales sus reflexiones sobre la propiedad, el trabajo de los obreros y la necesidad de reformas estructurales de la sociedad chilena.

Le dolía la situación del catolicismo en su patria. Lamentó la profunda ignorancia del pueblo cristiano sobre la fe y la falta de sacerdotes para educarlo. A consecuencia de la injusticia de los malos cristianos concluía que "la gran amargura que nuestra época trae a la Iglesia es el alejamiento de los pobres, a quienes Cristo vino a evangelizar de preferencia".

Con los años su concepción de la Iglesia parece haber experimentado un giro revolucionario. Hacía suyas las palabras de Bossuet: "La Iglesia (es una) ciudad edificada para los pobres; es la ciudad de los pobres. Los ricos (son) sólo tolerados…" - "Nuestro fi n es la mayor gloria de Dios por la acción".

Alberto Hurtado fue formado en la tradición ignaciana. Los Ejercicios Espirituales son, por cierto, la matriz teológica y espiritual más determinante de su santidad. Como hijo de San Ignacio, procuró en su vida "poner a la criatura con su Creador".

"La señal del cristiano no es la espada, símbolo de la fuerza; ni la balanza, símbolo de la justicia;
sino la cruz, símbolo del amor."
[Alberto Hurtado]

Toda su predicación, toda su actividad, son fruto de estos ejercicios: su deseo de la mayor gloria de Dios expresado en la búsqueda de su voluntad; su amor a Jesucristo y sus ansias de ser otro Cristo; la pasión por la salvación de los hombres de carne y hueso, y no sólo de sus almas; su apertura a las inspiraciones nuevas del Espíritu; su devoción a María; su "sentir en la Iglesia", su fidelidad a los pastores y a los laicos; su conciencia de pecado y su deseo de la santidad; su mortificación, su humildad y su alegría; la fortaleza de su voluntad y su paz interior. El Padre Hurtado hizo suyas tantas otras características de su modo de seguir a Jesucristo gracias a los Ejercicios Espirituales particularmente, y a la espiritualidad ignaciana en general.

Nadie duda que Alberto Hurtado fuera un hombre de oración. No destacó por su oración formal, pero cultivó una oración afectiva y amorosa con Dios. Lo propio y distintivo suyo fue, sobre todo, haber hecho de todo su apostolado su oración. Con sus propias palabras nos advierte: "adoración sobre todo en la acción (brevemente en la oración)", pues "nuestro fin es la mayor gloria de Dios por la acción, es decir, hacer aquellas obras que sean de mayor gloria de Dios".

Era consciente, por otra parte, que no cualquiera acción es contemplación: "nuestra obras deben proceder del amor de Dios y deben tender a unir más estrechamente las almas con Dios. Las obras que no realicen directa o indirectamente este fin no son jesuitas".

Alberto Hurtado se supo jesuita y amó a la Compañía de Jesús como pocos. En carta a su gran amigo y Provincial, el P. Alvaro Lavín, le dice: "Creo que si alguna vez debiera dar Ejercicios a los Nuestros una plática sería consagrada a "sentirnos de la Compañía",esto es a no considerar la Compañía como algo extrínseco a nosotros, de lo cual uno se queja o se alegra, sino como algo de lo que formamos parte íntima: una especie de Cuerpo Místico en pequeño. Esta idea yo la creo y la vivo a fondo…".

Mística de la transformación de la sociedad:

"El orden social actual no responde al plan de la Providencia". Bajo el impulso del Espíritu, el P. Hurtado combinó su identidad cristiana, católica y jesuítica con originalidad. Si es posible resumir en qué consistió esta originalidad suya, hay que decir que el P. Hurtado fue un "místico social".

Dos son los aspectos que en su "mística social" se requieren recíprocamente: la "mística del prójimo" y la "utopía social". Si todo místico cristiano halla a Dios en Cristo y a Cristo en el prójimo, a Alberto Hurtado es el amor a Dios en Cristo lo que lo lleva a hacerse cargo del prójimo. Somos Cristo unos para otros. Amando al prójimo amamos a Cristo y, a la vez, siendo amados por otros somos amados por Él.

P.Alberto Hurtado:
primera Misa, 1933.

Cristo vive en el prójimo, pero especialmente en el pobre. A los miembros de la Fraternidad del Hogar de Cristo, su mayor y la más característica de sus obras, les pedía un voto de "obediencia al pobre…,sentir sus angustias como propias, no descansando mientras esté en nuestras manos ayudarlos. Desear el contacto con el pobre, sentir dolor de no ver al pobre como representante de Cristo para nosotros".

El aspecto activo de esta "mística del prójimo" es distinguible pero no separable del aspecto contemplativo, ya que consiste en ser "Cristo" para otros "cristos". Para el P. Hurtado, el cristiano es "otro Cristo", viviendo según el Espíritu de Cristo, siguiéndolo en pobreza y cargando su cruz. La regla de oro de la vida religiosa y moral de los cristianos consiste en preguntarse, en toda circunstancia, "¿qué haría Cristo en mi lugar"?

En el centro de la espiritualidad del P. Hurtado, la visión de Cristo en el pobre de acuerdo con el mandato evangélico del mismo Jesús (Mt 25, 31-46), constituye la experiencia fundante del compromiso activo de caridad y de justicia suyo propio y de los verdaderos cristianos a favor de los pobres. Por todo esto, el P. Hurtado se indigna contra los malos católicos, "los más violentos agitadores sociales". Según él, el cristianismo burgués de éstos, una especie de "paganismo disfrazado de cristianismo", es "una de las causas más profundas de la apostasía de las masas".

La experiencia religiosa de Alberto Hurtado estuvo a la altura intelectual de los hombres de su época y su formulación aún nos interpela. La "mística social" del P. Hurtado aspiró a cambiar las estructuras de la sociedad a partir de un cambio interior en los cristianos, y viceversa.

El concepto que mejor expresa su utopía evangélica es el de orden social cristiano. Éste aterriza el Reino de Dios anunciado por Jesús. El orden social existente, según el P. Hurtado, "tiene poco de cristiano". Es imperativo cambiarlo. "El orden social actual no responde al plan de la Providencia". No puede ser "orden" la conservación del statu quo; "el orden económico implica gravísimo desorden".

El orden social cristiano, por su parte, no puede ser impuesto a la fuerza. Debe consistir en un "equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento de la justicia y de la caridad". Estas son las dos virtudes fundamentales que estructuran la sociedad humana.

El P.Hurtado combate la ilusión de quienes se vanaglorian de su benevolencia, saltándose las obligaciones de la justicia: "la caridad verdadera comienza donde termina la justicia". Por ello, fustiga a quienes "están dispuestos a dar limosnas, pero no a pagar el salario justo".

Hay otra expresión que el P. Hurtado utiliza para designar su utopía social. Esta es, la de "cristianismo integral": la necesidad de una fe en Cristo manifestada en todos los aspectos de la vida. Es imposible ser exhaustivo para enumerar las áreas y ángulos de la vida humana, que el P. Hurtado quiso evangelizar en una perspectiva social. Baste recordar su preocupación por la educación, la alimentación, la salud, la vivienda, el trabajo, la empresa, los salarios, la familia, la propiedad, las clases sociales.

Está atento a lo nacional e internacional. De todos espera su contribución propia y responsable, de acuerdo a su oficio o profesión; los desafía a pasar a la acción. Así como ausculta los signos de los tiempos, se interesa por el gesto cristiano pequeño: urge ponerse en el punto de vista ajeno o alegrarle la vida a los demás. Por ser social, su mística es auténticamente cristiana.

De haber querido ser recordado por algo, nada hubiera gustado más a Alberto Hurtado que por haberse dejado mover por Cristo y por urgir a otros para convertir este mundo injusto en el Reino de Dios.

Una vida entregada: "El que no se da todo, no da nada"

Alberto Hurtado Crughaga nace en Viña del Mar, el 22 de enero de 1901. A los cuatro años, muere su padre. Su madre, Ana Cruchaga, queda en difícil situación económica y, sin casa propia, tiene que acogerse en casas de parientes; sin embargo sigue trabajando por los pobres en un patronato.

El joven Alberto

Realiza sus estudios secundarios, como becario, en el Colegio San Ignacio. Allí nace su vocación de jesuita. No podrá concretarla por ayudar a su madre y a un hermano menor.

Debe trabajar al mismo tiempo que estudia Leyes en la Universidad Católica, donde se interesa por la doctrina social de la Iglesia y participa en la acción social. Graduado como abogado y, providencialmente solucionado el problema económico familiar, entra en la Compañía de Jesús, en el noviciado de Chillán, el 14 de agosto de 1923, víspera de la fiesta de la Asunción de María.

Continúa su formación en Córdoba, Argentina. En 1927 parte a España para sus estudios de Filosofía en Sarriá, Barcelona; los de Teología los realiza en Lovaina, Bélgica. Al mismo tiempo se gradúa en Pedagogía.

Se ordena de sacerdote el 24 de agosto de 1933. Termina su Teología. Hace su Tercera Probación y el Doctorado en Psicología y Pedagogía. En 1936 llega de vuelta a Chile. Da clases de Religión y se ocupa del acompañamiento espiritual de los alumnos mayores en el Colegio San Ignacio. Imparte conferencias en la Universidad Católica, asesora las Congregaciones Marianas, da Ejercicios Espirituales a alumnos del Colegio y a universitarios.

Se multiplican sus compromisos y ocupaciones. Movido por la demanda de retiros, construye una casa de Ejercicios en el pueblo de "Marruecos" -que ahora lleva su nombre: "Padre Hurtado"- y la casa de noviciado y primeros estudios de los jesuitas, en la misma localidad.

La falta de sacerdotes lo lleva a escribir La crisis sacerdotal en Chile y Elección de carrera. Antes, para apoyar su trabajo con adolescentes ha escrito varios libros como El adolescente, un desconocido, La vida afectiva en la adolescencia.

Comienzan a brotar numerosas vocaciones para el clero y para la Compañía entre sus acompañados espirituales, particularmente a raíz de los Ejercicios Espirituales. Para despertar las conciencias de los católicos, escribe ¿Es Chile un país Católico?, libro que despierta ácidas críticas y polémicas.

Es nombrado Asesor Nacional de los Jóvenes Católicos. Su personalidad generosa, alegre y profundamente religiosa y sacerdotal ejerce una gran influencia en la juventud. Recorrió Chile, de Arica a Magallanes, creando y animando Centros Juveniles de Acción Católica. Un Congreso Nacional de Juventud Católica en Valparaíso, en 1942, reúne cerca de cinco mil jóvenes. Al año siguiente, llena el enorme Teatro Caupolicán de Santiago con 10.000 jóvenes el Día del Joven Católico. Impresionantes fueron los desfiles de antorchas la noche de Cristo Rey.

P.Hurtado apóstol de los jóvenes
y de las vocaciones sacerdotales

Aparece la contradicción. Acusaciones y críticas de falta de espíritu jerárquico, ingerencia en lo político, ideas avanzadas en materia social. Esta situación lo lleva a renunciar como Asesor de la Juventud Católica. Su renuncia es aceptada. Con gran fe y humildad, acepta la dolorosa prueba.

En una segunda etapa de su vida, sin abandonar las clases, la dirección espiritual y los Ejercicios, el acento de su preocupación y acción se cargó más hacia el campo social. Ante la miseria de niños y ancianos que dormían en las calles y bajo los puentes del Río Mapocho, nace la idea del Hogar de Cristo, obra social que crece tanto que llega a ser con el tiempo la más grande de América Latina.

Un viaje por Estados Unidos y Europa, visitando obras y participando en congresos, lo enriquece y renueva apostólicamente. Siente la necesidad de apoyar la acción sindical y funda la ASICH (Asociación Sindical Chilena) y su revista "Tribuna Social". Se acrecientan las críticas e incomprensiones. La acción no le impide continuar estudiando y escribiendo. Publicó Humanismo Social, luego Sindicalismo, y dos volúmenes con una amplia selección y comentarios sobre la Doctrina Social de la Iglesia: Orden Social Cristiano.

La última de sus realizaciones apostólicas fue la revista Mensaje. Su objetivo es evangelizar la cultura, con una aportación cristiana al mundo del pensar y del hacer. Dejó otra obra inconclusa Moral social, publicada por la Universidad Católica de Chile en 2004.

Su temperamento dinámico y emprendedor se ve minado por una prolongada y dolorosa enfermedad. Un cáncer de páncreas fue consumiendo su vida. En medio de los dolores, como solía hacer ante cualquier contradicción o dificultad, repetía la frase que se ha hecho famosa: "Contento, Señor, contento…"

Muere en la Clínica de la Universidad Católica, el 18 de agosto de 1952. "Podré llorar por la emoción... pero estoy feliz, feliz." Fue beatificado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1994, y canonizado por Benedicto XVI el 3 de octubre de 2005.

El Hogar de Cristo

Toda esta grandiosa obra nació del corazón y la fe de Alberto Hurtado al ver a un pobre hombre en mangas de camisa en pleno invierno, tiritando y enfermo de faringitis. Al P. Hurtado le habían pedido un retiro espiritual y, después del encuentro con el mendigo, improvisó, fuera del tema previsto:

"¿No será el momento de dar albergue a los mendigos? Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, desalojados... Cristo acurrucado bajo los puentes en las personas de tantos niños que no tienen a quien llamar padre, que carecen hace mucho de un beso de madre sobre su frente...¡Cristo no tiene casa!".

Apostolado del P.Hurtado en la Congregacion Mariana

Así nació el Hogar de Cristo. El P.Hurtado lo concebía como una obra de todos, una red de personas de buena voluntad, la unión de muchos con amor, alegría y esperanza. Y así ha sido.

El principio fue ir a recoger chicos de la calle, refugiados bajo los puentes, acogerlos y darles techo, pan y palabra... Después para cada necesidad van surgiendo iniciativas nuevas. Se trata de atender con amor y dignidad a los más pobres entre los pobres y crear redes de solidaridad para acompañarlos y darles apoyo en su desvalimiento.

Imposible resumir el crecimiento continuo. Desde el problema de la vivienda (ya la han conseguido, con el apoyo del Hogar de Cristo, 1.510.000 personas desde 1958), a la salud física o mental.

Los niños de la calle, los jóvenes y las mujeres en riesgo, los jóvenes en la cárcel, los ancianos, los enfermos, los discapacitados físicos o psíquicos, la educación de niños y adultos

Brotan así hogares de vida familiar o de acogida, residencias, ambulatorios, comunidades terapéuticas, programas de desarrollo personal e inserción social y laboral; fomento del autodesarrollo en "campamentos",comedores, salas cuna, talleres, refuerzo escolar; asesorías jurídicas, casas de reposo; atención especializada a enfermos terminales, "Fono Esperanza" gratuito a nivel nacional para orientación en drogodependencias...

El árbol robusto en que se ha convertido, y es, el Hogar de Cristo está ya muy arraigado en todo Chile, no sólo en Santiago, y le crecen grandes ramas, las Fundaciones: de Educación, de Microcréditos, Fundación para la Discapacidad Psíquica y Mental… El Hogar de Cristo es dinamismo, creatividad permanente.

Y está bendecido por Dios porque, a la vez, es familia, Hogar De Cristo: Él lo inspira todo, todo lo acompaña. Es la raíz de todo.¡Gracias a Dios!

Pensamientos de S. Alberto Hurtado

"Una muestra del interés particular que Dios tiene por ti es que no se contenta con señalarte un camino general, sino que invita a cada persona a realizar una misión propia. La misión de la persona nunca nos la impone por la fuerza, sino que la entrega a su libertad"

"Darse es ofrecerse a sí mismo y todo lo que uno tiene. Darse es orientar todas las capacidades de acción hacia el Señor" "El que no se da entero, no da nada". - "Hay que darse hasta que duela."

"El que ha mirado una vez siquiera a los ojos de Cristo, ¡no lo olvidará jamás!" "No basta decir: "Creo lo que Él enseñó". ¡Soy lo que Él es!" - "Esta vida nos ha sido dada para buscar a Dios; la muerte, para hallarle; la eternidad, para poseerlo."

"¿Qué es la oración? Es la conversación del Hijo con su Padre." - "Cada prójimo es mi hermano, mi auténtico hermano; más aún, ¡es Cristo!" - "Este mundo no nacerá para Cristo sino por María".

"La señal del cristiano no es la espada, símbolo de la fuerza; ni la balanza, símbolo de la justicia; sino la cruz, símbolo del amor".

"Sin un gran amor es inconcebible un gran sacrificio" - "El alma con frecuencia está sola, desamparada, en pleno combate, en medio de las mayores dificultades, como perdida en la noche. Y, con todo, en su última punta permanece tranquila delante de Dios". - "En la escuela del dolor el hombre se afirma o se anula".

"Una de las primeras cualidades que hay que devolver a nuestros indigentes es su conciencia de su valor de personas, de su dignidad de ciudadanos, más aún, de hijos de Dios.

El Hogar de Cristo, obra de simple caridad y evangelio, trabaja por crear y fomentar un clima de verdadero amor y respeto, porque el pobre es Cristo"


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